Palestinos imaginarios y palestinos reales

05/Sep/2016

PorIsrael, Egon Friedler

Palestinos imaginarios y palestinos reales

En abril del año pasado, un ex director de
la División de Población de las Naciones Unidas, Joseph Chamie, reseñó en un
artículo de la agencia noticiosa IPS la situación diplomática de Palestina en
el mundo. Entre los países integrantes de las Naciones Unidas, por ejemplo, 135
países que reúnen al 82% de la población mundial reconocen oficialmente a
Palestina como estado independiente, contra 50 que no lo hacen. Una gran
mayoría de países de África, Asia y América Latina, reconocen al estado de
Palestina, incluyendo Brasil, China, India, Indonesia, Nigeria, Pakistán y
Sudáfrica. Entre los países europeos que han dado reconocimiento diplomático al
estado palestino figuran Albania, Belarus, Bulgaria, Chipre, la República
Checa, Georgia, Hungría, Islandia, Malta, Polonia, Rumania, la Federación Rusa,
Eslovaquia, Suecia y Ucrania.
Israel encabeza la lista de quienes no
reconocen a Palestina como país independiente, la que incluye a tres países
integrantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con derecho a
veto, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos. Además entre quienes no
reconocen la independencia palestina figuran Australia, Canadá, Alemania,
Italia, Japón, México, Holanda, Corea del Sur y Suiza.
El argumento fundamental para esa negativa
es que el reconocimiento de un estado palestino solo tiene razón de ser sobre
la base de un acuerdo de paz alcanzado directamente entre israelíes y
palestinos.
Sin embargo, la frustración con el fracaso
reiterado de conversaciones de paz auspiciadas por los Estados Unidos y el
llamado Cuarteto, han llevado a creer a muchos políticos de diferentes países
que el reconocimiento unilateral de Palestina podría acelerar una solución al
largo enfrentamiento entre palestinos e israelíes. En los hechos, esta medida destinada
presuntamente a favorecer una solución rápida y equilibrada del conflicto, solo
logra prolongarlo al estimular la intransigencia de los palestinos y de hacer
creer a sus dirigentes que la comunidad internacional obligará a Israel a hacer
concesiones que pongan en peligro su futuro y su existencia.
No hay duda de que la intensa campaña
internacional a favor de la causa palestina durante largas décadas ha gravitado
decisivamente en los gobiernos y en la opinión pública. El considerar a los
palestinos como el ejemplo clásico de un pueblo oprimido bajo ocupación, se ha convertido
en un virtual reflejo pavloviano para muchos millones de personas.
Sin embargo, hay un abismo entre la
situación real y el imaginario colectivo creado por una masiva, costosa,
persistente y agresiva campaña de propaganda a nivel global.
¿Cuál es la situación real? Si Israel es un estado ocupante, su ocupación
es muy sui-generis. Existen dos mini-estados palestinos que se
auto-administran, si bien dependen logísticamente de Israel. Esta situación es
resultado de un proceso de paz fallido por una parte y de una confrontación
violenta entre los dos principales bandos palestinos por otra. ¿Cuál es la
situación actual?

El más grande de los mini-estados, situado en la Margen Occidental, está
administrado por la Autoridad Palestina que se declara dispuesta a aceptar la
coexistencia con Israel, pero el mismo tiempo exalta el terrorismo y trata de
competir en hostilidad con Hamas. Sus frecuentes cambios de posición parecen no
molestar a sus padrinos occidentales, que hacen la vista gorda al enriquecimiento
de una pequeña capa gobernante palestina, en base a los generosos presupuestos
internacionales. En cambio, Hamas (cuya corrupción no es menor a la de la
Autoridad Palestina aunque es menos notoria) declara abiertamente su intención
de destruir a Israel y educa a su juventud para la guerra. Y no solo se trata
de intenciones, sino de una política de agresión deliberada y permanente contra
la población civil israelí que ha provocado múltiples incidentes y tres grandes
confrontaciones militares con Israel, en diciembre de 2008, noviembre de 2012 y
julio de 2014. Por ahora, Hamas no ha expresado ninguna intención de cambiar de
política. Más bien, todo lo contrario. Es notorio de acuerdo a todas las
informaciones recientes procedentes de Gaza, que la organización islamista
otorga prioridad a la recomposición de su aparato militar y no a la
reconstrucción de las viviendas destruidas y a la infraestructura de la
sociedad civil.
Por otra parte, Hamas no solo rechaza a
Israel sino también a la Autoridad Palestina. Las relaciones entre ambos
mini-estados y entre las dos organizaciones que los encabezan no podían ser
peores. En una reciente conferencia de la Liga Árabe, Mahmud Abbas, el líder de
la Autoridad Palestina hizo un llamado a los países árabes a intervenir en el
conflicto palestino de la misma manera que en el Yemen, o sea, que propone un
ataque militar contra Hamas en Gaza. Por su parte, Mahmud el Zahar, integrante
del liderazgo político de Hamas, sostiene que Mahmud Abbas ha terminado su
mandato y que al no haber llamado a elecciones está ilegítimamente en el
poder. A su juicio, Hamas debería
apoderarse de la Autoridad Palestina, porque es la “única solución real” contra
la ocupación.
Prácticamente esto significa que el anuncio
de la creación de un gobierno de unidad nacional anunciado tantas veces, ha
quedado en la nada y que la enemistad entre ambos grupos palestinos es más
virulenta que nunca. De hecho, están dadas todas las condiciones para una
guerra civil palestina y, en la convulsionada situación actual de la región, la
creación a breve plazo de un estado palestino no sería sino la receta para un
desastre similar al de Siria, Irak y el Yemen.
Lamentablemente mucha gente en el mundo a
la que el problema no le afecta directamente prefiere apostar a la Palestina
imaginaria y abstracta y no a los palestinos reales. Israel, que dejaría de
existir si pierde una sola guerra, no puede darse ese lujo.